domingo, 22 de noviembre de 2015
Meditación diaria para hoy
El devocionario católico de hoy
basado en las Misa diaria
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Meditación diaria para hoy Noviembre 23, 2015
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Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo
Hoy celebramos la Solemnidad de Jesucristo, Rey del
Universo. Para los no judíos el concepto de “rey” tenía una connotación
puramente política. Pilato, que era representante del Imperio Romano,
increpó a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?”, pregunta que tenía
una dimensión claramente política. Un nuevo rey podría organizar una
revuelta contra el emperador, cuyas consecuencias serían desastrosas
para Pilato. Para los judíos, en cambio, la idea era distinta. Su Mesías-Rey tendría una misión religiosa centrada en torno al pacto del pueblo escogido con Dios, y podría liberarlos de la dominación romana y restaurar el reino de Israel. Respondiendo a Pilato, Jesús explicó que su condición de rey no implicaba expectativa política alguna: “Mi reino no es de este mundo… He venido a este mundo… para dar testimonio de la verdad. Todo el que está de parte de la verdad, escucha mis palabras” (Juan 18, 36-37).
Jesús vino para llevar a todo ser humano al conocimiento de la verdad de que él es el Mesías, el Hijo de Dios, y que la salvación se obtiene por la fe en su Persona. Los que escuchan y aceptan su palabra y la dejan arraigar en ellos, pueden experimentar el Reino de Dios y ser instrumentos del Señor para edificar, ahora y aquí, “el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz” (Prefacio de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo).
Cristo Rey inaugura el Reino de Dios entre los hombres y para ser leales súbditos de Jesús, tenemos que aceptar de corazón la obra que él vino a cumplir. Siendo ciudadanos del Reino de Dios por la fe y el Bautismo, aclamemos a Cristo Jesús como nuestro rey, y proclamemos que todos, nosotros y la humanidad entera, queremos vivir como fieles súbditos de nuestro glorioso Rey.
“Señor, tú eres nuestro Rey de reyes y Señor de señores, a ti toda alabanza y adoración, porque eres digno de ser amado, bendecido, exaltado y glorificado en lo más alto del cielo y en medio de todos los ángeles y arcángeles.”
Daniel 7, 13-14
Salmo 93(92), 1-2. 5
Apocalipsis 1, 5-8
[Devocionario Católico]
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Santa María, Reina y Madre de Misericordia
Santa María, Reina y Madre de Misericordia
Maria Madre de misericordia
Multitud de poetas medievales cantaron con cincelados versos a la Madre Misericordiosa o de la misericordia. Pocas advocaciones habrán sido más celebradas, ya que polarizó la atención y súplica de los fieles deseosos de alcanzar por medio de la Virgen, el perdón divino.
Fuente: http://www.mariologia.org

Deseo ocuparme y éste, y en otros posibles artículos de la imagen evangélica de la Virgen en los nuevos Prefacios marianos. Comienzo con un bellísimo formulario, tomado de la colección "Misas de la Virgen María". Es el n1 39, llamado Reina y Madre de misericordia. Los dos se ensamblan armónicamente en la devoción popular hacia la Madre de Dios, como los dos rasgos característicos que mejor configuran la semblanza de nuestra Señora. En el sencillo y breve análisis del Prefacio aparecen las razones doctrinales que justifican el doble título o advocación.
1. Riqueza de los títulos bíblicos y eucológicos
El título o advocación de "Reina de misericordia" al que hacen referencia la antífona de entrada y la Colecta alternativa, celebra conjuntamente la bondad, la generosidad, la dignidad de la Virgen que, elevada al cielo, cumple con su misión de rogar incesantemente a su Hijo por la salvación de los hombres. He aquí el saludo inicial: Salve, Reina de misericordia, Madre gloriosa de Cristo, consuelo de los penitentes y esperanza de los pecadores. En cuanto a la segunda Colecta, que se ofrece opcionalmente, su texto resulta bien elocuente: "Dios misericordioso escucha las plegarias de tus hijos que, inclinados por el peso de sus culpas, se convierten a ti e invocan tu clemencia. Movido por ella enviaste a tu Hijo al mundo como Salvador y nos diste a la Virgen Santa María como Reina de misericordia".
Maria Madre de misericordia
Multitud de poetas medievales cantaron con cincelados versos a la Madre Misericordiosa o de la misericordia. Pocas advocaciones habrán sido más celebradas, ya que polarizó la atención y súplica de los fieles deseosos de alcanzar por medio de la Virgen, el perdón divino.
Fuente: http://www.mariologia.org
Deseo ocuparme y éste, y en otros posibles artículos de la imagen evangélica de la Virgen en los nuevos Prefacios marianos. Comienzo con un bellísimo formulario, tomado de la colección "Misas de la Virgen María". Es el n1 39, llamado Reina y Madre de misericordia. Los dos se ensamblan armónicamente en la devoción popular hacia la Madre de Dios, como los dos rasgos característicos que mejor configuran la semblanza de nuestra Señora. En el sencillo y breve análisis del Prefacio aparecen las razones doctrinales que justifican el doble título o advocación.
1. Riqueza de los títulos bíblicos y eucológicos
El título o advocación de "Reina de misericordia" al que hacen referencia la antífona de entrada y la Colecta alternativa, celebra conjuntamente la bondad, la generosidad, la dignidad de la Virgen que, elevada al cielo, cumple con su misión de rogar incesantemente a su Hijo por la salvación de los hombres. He aquí el saludo inicial: Salve, Reina de misericordia, Madre gloriosa de Cristo, consuelo de los penitentes y esperanza de los pecadores. En cuanto a la segunda Colecta, que se ofrece opcionalmente, su texto resulta bien elocuente: "Dios misericordioso escucha las plegarias de tus hijos que, inclinados por el peso de sus culpas, se convierten a ti e invocan tu clemencia. Movido por ella enviaste a tu Hijo al mundo como Salvador y nos diste a la Virgen Santa María como Reina de misericordia".
SOLEMNIDAD DE CRISTO REY. REFLEXIÓN DE SAN JUAN PABLO II
HOY, SOLEMNIDAD DE CRISTO REY. REFLEXIÓN DE SAN JUAN PABLO II
1. «Jesús Nazareno, el rey de los judíos». Ésta es la inscripción que pusieron en la cruz. Poco antes de la
muerte de Cristo, uno de los dos condenados, crucificados junto con él, le dijo: «Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». ¿Cuál reino? El objeto de su petición no era, ciertamente, un reino terreno, sino otro reino.
El buen ladrón habla como si hubiera escuchado la conversación que mantuvieron antes Pilato y Cristo. En efecto, en presencia de Pilato, acusaron a Jesús de querer convertirse en rey. A este propósito, Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» (Jn 18, 33). Cristo no lo negó; le explicó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí» (Jn 18, 36). A la siguiente pregunta de Pilato sobre si era rey, Jesús le respondió directamente: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz» (Jn 18, 37).
2. La liturgia de hoy habla del reino terreno de Israel, recordando la unción de David como rey. Sí, Dios eligió a Israel y no sólo le envió profetas, sino también reyes, cuando el pueblo elegido insistió en tener un soberano terreno. Entre todos los reyes que se sentaron en el trono de Israel, el más grande fue David. La primera lectura de esta celebración habla de ese reino, para recordar que Jesús de Nazaret provenía de la estirpe del rey David; pero al mismo tiempo, y sobre todo, para subrayar que la realeza de Cristo es de otro tipo.
Del tratado de san Juan Eudes, presbítero, sobre el reino de Jesús
Del tratado de san Juan Eudes, presbítero, sobre el reino de Jesús
(Parte 3, 4: Opera omnia 1, 310-312)
«EL MISTERIO DE CRISTO EN NOSOTROS Y EN LA IGLESIA»
(Parte 3, 4: Opera omnia 1, 310-312)
«EL MISTERIO DE CRISTO EN NOSOTROS Y EN LA IGLESIA»
Debemos continuar y completar en nosotros los estados y misterios de la
vida de Cristo, y suplicarle con frecuencia que los consume y complete
en nosotros y en toda su Iglesia. Porque los misterios de Jesús no han
llegado todavía a su total perfección y plenitud. Han llegado,
ciertamente, a su perfección y plenitud en la persona de Jesús, pero no
en nosotros, que somos sus miembros, ni en su Iglesia, que es su cuerpo
místico.
El Hijo de Dios quiere comunicar y extender en cierto modo y continuar sus misterios en nosotros y en toda su Iglesia, ya sea mediante las gracias que ha determinado otorgarnos, ya mediante los efectos que quiere producir en nosotros a través de estos misterios. En este sentido, quiere completarlos en nosotros. Por esto, san Pablo dice que Cristo halla su plenitud en la Iglesia y que todos nosotros contribuimos a su edificación y a la medida de Cristo en su plenitud, es decir, a aquella edad mística que él tiene en su cuerpo místico, y que no llegará a su plenitud hasta el día del juicio.
El mismo apóstol dice, en otro lugar, que él completa en su carne los dolores de Cristo. De este modo, el Hijo de Dios ha determinado consumar y completar en nosotros todos los estados y misterios de su vida. Quiere llevar a término en nosotros los misterios de su encarnación, de su nacimiento, de su vida oculta, formándose en nosotros y volviendo a nacer en nuestras almas por los santos sacramentos del bautismo y de la sagrada eucaristía, y haciendo que llevemos una vida espiritual e interior, escondida con él en Dios.
Quiere completar en nosotros el misterio de su pasión, muerte y resurrección, haciendo que suframos, muramos y resucitemos con él y en él. Finalmente, completará en nosotros su estado de vida gloriosa e inmortal, cuando haga que vivamos, con él y en él, una vida gloriosa y eterna en el cielo.
Mosaico, 526-530. Basilica dei Santi Cosma e Damiano, Roma.
El Hijo de Dios quiere comunicar y extender en cierto modo y continuar sus misterios en nosotros y en toda su Iglesia, ya sea mediante las gracias que ha determinado otorgarnos, ya mediante los efectos que quiere producir en nosotros a través de estos misterios. En este sentido, quiere completarlos en nosotros. Por esto, san Pablo dice que Cristo halla su plenitud en la Iglesia y que todos nosotros contribuimos a su edificación y a la medida de Cristo en su plenitud, es decir, a aquella edad mística que él tiene en su cuerpo místico, y que no llegará a su plenitud hasta el día del juicio.
El mismo apóstol dice, en otro lugar, que él completa en su carne los dolores de Cristo. De este modo, el Hijo de Dios ha determinado consumar y completar en nosotros todos los estados y misterios de su vida. Quiere llevar a término en nosotros los misterios de su encarnación, de su nacimiento, de su vida oculta, formándose en nosotros y volviendo a nacer en nuestras almas por los santos sacramentos del bautismo y de la sagrada eucaristía, y haciendo que llevemos una vida espiritual e interior, escondida con él en Dios.
Quiere completar en nosotros el misterio de su pasión, muerte y resurrección, haciendo que suframos, muramos y resucitemos con él y en él. Finalmente, completará en nosotros su estado de vida gloriosa e inmortal, cuando haga que vivamos, con él y en él, una vida gloriosa y eterna en el cielo.
Mosaico, 526-530. Basilica dei Santi Cosma e Damiano, Roma.
10 maneras en las que le estás siendo infiel a tu pareja y ni siquiera lo sabes Estos comportamientos parecen inofensivos pero pueden llevarte a una infidelidad. Aprende cómo cuidarte
10 maneras en las que le estás siendo infiel a tu pareja y ni siquiera lo sabes Estos comportamientos parecen inofensivos pero pueden llevarte a una infidelidad. Aprende cómo cuidarte
Tener
una aventura es algo que nunca te ha pasado por la mente ¿verdad? Es
algo que simplemente jamás harías, nunca le serías infiel porque amas a
tu cónyuge. Aun así, puede ser que no estés consciente de otras maneras
en las que le podrías estar siendo infiel. Si estas acciones continúan,
puede que te encuentres en la pendiente resbaladiza que conduce al
triste acto del engaño, ese que no tenías intención que cometer y que no
querías en tu vida.
La
infidelidad por lo general entra por la puerta trasera, (por donde
menos te lo esperas) disfrazándose como una diversión inofensiva o
comportamientos inocentes. Si quieres que tu matrimonio perdure y reboce
de felicidad, te recomiendo que revises esta lista para saber si eres
culpable de alguno de estos comportamientos de los infieles y cambies,
si es necesario, para evitar problemas.
Jesucristo, Rey del Universo

La celebración de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, cierra el Año Litúrgico en el que se ha meditado sobre todo el misterio de su vida, su predicación y el anuncio del Reino de Dios.
La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de diciembre de 1925. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey.
Durante el anuncio del Reino, Jesús nos muestra lo que éste significa para nosotros como Salvación, Revelación y Reconciliación ante la mentira mortal del pecado que existe en el mundo. Jesús responde a Pilatos cuando le pregunta si en verdad Él es el Rey de los judíos: "Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí" (Jn 18, 36). Jesús no es el Rey de un mundo de miedo, mentira y pecado, Él es el Rey del Reino de Dios que trae y al que nos conduce.
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