viernes, 23 de mayo de 2014

La oración de la mañana



La oración de la mañana
para obtener la ayuda del Señor
Audencia General, Juan Pablo II,  30 de mayo de 2001
 

Salmo 5, 2-10. 12-13
Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío.
A ti te suplico, Señor:
por la mañana escucharás mi voz,
por la mañana te expongo mi causa,
y me quedo aguardando.
Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.
Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor.
Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda reverencia.
Señor, guíame con tu justicia,
porque tengo enemigos;
alláname tu camino.
En su boca no hay sinceridad,
su corazón es perverso;
su garganta es un sepulcro abierto,
mientras halagan con la lengua.
Que se alegren los que se acogen a ti,
con júbilo eterno;
protégelos, para que se llenen de gozo
los que aman tu nombre.
Porque tú, Señor, bendices al justo,
y como un escudo lo rodea tu favor.
1. "Por la mañana escucharás mi voz; por la mañana te expongo mi causa y me quedo aguardando". Con estas palabras, el salmo 5 se presenta como una oración de la mañana y, por tanto, se sitúa muy bien en la liturgia de las Laudes, el canto de los fieles al inicio de la jornada. Sin embargo, el tono de fondo de esta súplica está marcado por la tensión y el ansia ante los peligros y las amarguras inminentes. Pero no pierde la confianza en Dios, que siempre está dispuesto a sostener a sus fieles para que no tropiecen en el camino de la vida.
"Nadie, salvo la Iglesia, posee esa confianza" (san Jerónimo, Tractatus LIX in psalmos, 5, 27:  PL 26, 829). Y san Agustín, refiriéndose al título que se halla al inicio del salmo, un título que en su versión latina reza: "Para aquella que recibe la herencia", explica:  "Se trata, por consiguiente, de la Iglesia, que recibe en herencia la vida eterna por medio de nuestro Señor Jesucristo, de modo que posee a Dios mismo, se adhiere a él, y encuentra en él su felicidad, de acuerdo con lo que está escrito: "Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra" (Mt 5, 4)"  Enarrationes in Psalmos, 5:  CCL 38, 1, 2-3).
2. Como acontece a menudo en los salmos de súplica dirigidos al Señor para que libre a los fieles del mal, son tres los personajes que entran en escena en este salmo. El primero es Dios (v. 2-7), el Tú por excelencia del salmo, al que el orante se dirige con confianza. Frente a las pesadillas de una jornada dura y tal vez peligrosa, destaca una certeza. El Señor  es un Dios coherente, riguroso en lo que respecta a la injusticia y ajeno a cualquier componenda con el mal:  "Tú no eres un Dios que ame la maldad" (v. 5).
Una larga lista de personas malas -el malvado, el arrogante, el malhechor, el mentiroso, el sanguinario y el traicionero- desfila ante la mirada del Señor. Él es el Dios santo y justo, y está siempre de parte de quienes siguen los caminos de la verdad y del amor, mientras que se opone a quienes escogen "los senderos que llevan al reino de las sombras" (cf. Pr 2, 18). Por eso el fiel no se siente solo y abandonado al afrontar la ciudad, penetrando en la sociedad y en el torbellino de las vicisitudes diarias.
3. En los versículos 8 y 9 de nuestra oración matutina, el segundo personaje, el orante, se presenta a sí mismo con un Yo, revelando que toda su persona está dedicada a Dios y a su "gran misericordia". Está seguro de que las puertas del templo, es decir, el lugar de la comunión y de la intimidad divina, cerradas para los impíos, están abiertas de par en par ante él.  Él  entra  en  el templo para gozar de la seguridad de la protección divina, mientras afuera el mal domina y celebra sus aparentes y efímeros triunfos.
La oración matutina en el templo proporciona al fiel una fortaleza interior que le permite afrontar un mundo a menudo hostil. El Señor mismo lo tomará de la mano y lo guiará por las sendas de la ciudad, más aún, le "allanará el camino", como dice el salmista con una imagen sencilla pero sugestiva. En el original hebreo, esta serena confianza se funda en dos términos (hésed y sedaqáh):  "misericordia o fidelidad", por una parte, y "justicia o salvación", por otra. Son las palabras típicas para celebrar la alianza que une al Señor con su pueblo y con cada uno de sus fieles.
4. Por último, se perfila en el horizonte la oscura figura del tercer actor de este drama diario:  son los enemigos, los malvados, que ya se habían insinuado en los versículos anteriores. Después del "Tú" de Dios y del "Yo" del orante, viene ahora un "Ellos" que alude a una masa hostil, símbolo del mal del mundo (vv. 10 y 11). Su fisonomía se presenta sobre la base de un elemento fundamental en la comunicación social:  la palabra. Cuatro elementos -boca, corazón, garganta y lengua- expresan la radicalidad de la malicia que encierran sus opciones. En su boca no hay sinceridad, su corazón es siempre perverso, su garganta es un sepulcro abierto, que sólo quiere la muerte, y su lengua es seductora, pero "está llena de veneno mortífero" (St 3, 8).
5. Después de este retrato crudo y realista del perverso que atenta contra el justo, el salmista invoca la condena divina en un versículo (v. 11), que la liturgia cristiana omite, queriendo así conformarse a la revelación neotestamentaria del amor misericordioso, el cual ofrece incluso al malvado la posibilidad de conversión.
La oración del salmista culmina en un final lleno de luz y de paz (v. 12-13), después del oscuro perfil del pecador que acaba de dibujar. Una gran serenidad y alegría embarga a quien es fiel al Señor. La jornada que se abre ahora ante el creyente, aun en medio de fatigas y ansias, resplandecerá siempre con el sol de la bendición divina. Al salmista, que conoce a fondo el corazón y el estilo de Dios, no le cabe la menor duda:  "Tú, Señor, bendices al justo y como un escudo lo cubre tu favor" (v. 13)

LA BILOCACION



La bilocación es la presencia simultánea de una misma persona en dos lugares.
Se han dado casos en la vida de los santos. Los más notables son: el Papa San Clemente, San Francisco de Asís, San Antonio de Padua, Santa Ludwina, San Francisco Javier, San Martín de Porres, San José de Cupertino, San Alfonso de Ligorio, San Juan Bosco y San Pío de Pietrelcina.
No hay ningún otro fenómeno de la mística que cause tantas dificultades como éste para poder explicarlo satisfactoriamente.Se han formulado muchas teorías al respecto pero todavía ninguna de ellas ha logrado producir una luz definitiva en torno a éste fenómeno.
Santo Tomás de Aquino enseña que la presencia de un mismo cuerpo en dos lugares diferentes al mismo tiempo es contradictoria porque la materia ocupa unas dimensiones específicas y no las puede ocupar en diferentes lugares simultáneamente.
Pero sí puede ocurrir que mientras un cuerpo está en un lugar, en otro lugar esté una representación o figura aparente del mismo.Esta representación puede darse “sobrenaturalmente” (por intervención divina) o preternaturalmente, por intervención diabólica. Esta explicación no ofrece ninguna dificultad y es una de las formas más aceptadas para explicar este fenómeno.
Bilocaciones Sobrenaturales: Los fenómenos de bilocación sobrenatural se dan por una representación sensible, hecha milagrosamente por Dios, en uno de los lugares de la bilocación.
La bilocación puede ser de dos maneras: o puramente en espíritu o bien en cuerpo y alma, es decir la persona completa.
Cuando se realiza únicamente en espíritu y va acompañada de aparición, la presencia de la persona es física en el punto de partida, y es puramente representativa en donde tiene lugar la aparición, o sea, donde el espíritu se representa visiblemente revestido de un cuerpo.
Cuando la bilocación se hace en cuerpo y alma, la presencia de la persona es física allí donde el cuerpo y el alma se presentan y aparecen de una manera visible, y es representativa en el sitio que la persona abandona.
En el primer caso, el cuerpo que el espíritu toma para hacerse visible a lo lejos representa a la persona que físicamente está en otra parte. En el segundo caso, el cuerpo que parece permanecer en el lugar de origen, y que las personas creen que no se ha movido para nada, no es más que una representación de la persona hecha por el ministerio de un ángel (o de otro modo desconocido por nosotros), mientras que la verdadera persona se ha trasladado en cuerpo y alma a la otra parte.
Esta doble presencia, representativa en un lado, y física, del otro, es esencial a la bilocación de cualquier manera que se verifique, ya sea en cuerpo y alma, o sea puramente en espíritu, pero de manera visible. También se debe insistir en que esta doble presencia de la que hablamos, la una física, la otra representativa, supone necesariamente, para constituir verdadera bilocación, la traslación, es decir, el paso de la persona de un lugar a otro, ya sea en cuerpo y alma, ya al menos en espíritu.
Bilocaciones Preternaturales: El fenómeno de la bilocación puede tener a veces, sin duda ninguna, un origen preternatural o diabólico. El demonio puede -permitiéndolo Dios- encargarse de realizar la representación de la persona “bilocada” en uno de los lugares de la bilocación. “El contexto y las circunstancias que acompañan a esas bilocaciones será el criterio diferencial para distinguirlas de las sobrenaturales, de acuerdo con las normas y reglas del discernimiento de los espíritus.”(Cf. P. Serafín en su libro Principios de la Teología Mística p. 430.).
Los ocultistas, espiritistas, teósofos y otros se refieren a la bilocación como el Viaje Astral. El cuerpo físico, real, quedaría como muerto y el alma, con su “Periespírito”, actuaría en otro lugar.
Los parasicólogos pretenden explicar la bilocación como algo natural. Hablan de ideoplastia, fantasmogénesis, ectoplasma. Pero no logran dar una explicación razonable.
Casos de bilocación
Estos son algunos casos de bilocación

San Alfonso María de Ligorio – Del proceso de canonización:
“El venerable siervo de Dios, en cuanto residía en Arionzo, un lugarejo de su diócese, en 21 de septiembre de 1774 sufrió un desmayo. Quedó por casi dos días sentado en una silla de brazos, sumergjdo en dulce y profundo sueño. Uno de los empleados quería despertarlo. Además su Vicario General, Don Rubino, ordenó que no lo tocasen y que se quedasen vigilándolo constantemente en un cuarto próximo. Cuando al final se despertó y tocó una campanilla, todas las personas de la casa acudieron. Al verlas pasmadas, les preguntó el porqué. Respondieron: “Oy!, Monseñor, ya hace dos días que Ud. no habla, ni come, ni da señal alguna de vida!”
- “Entonces”, – respondió él, – “Uds. pensaban que yo estuviese durmiendo, pero no fue bien eso; Uds. no saben que fui a asistir al Papa, que ahora ya no se encuentra más en la lista de los vivos”. Con efecto, después de breve lapso de tiempo, se supo que Clemente XIV falleciera el 22 de septiembre, a las ocho de la mañana, ésto es, exactamente en la hora en que el siervo de Dios había tocado la campanilla.
Santo Antonio de Padua
Durante su estancia en Padua, según refieren Bartolomeu Pisano y Marcos de Lisboa, hubo dos demostraciones de bilocación.
El primero cuenta:
“Estando Santo Antonio en Padua, tuvo una visión, que llegó a mis oídos por medio de un religioso digno de fe”.
“En la su ciudad natal, Lisboa, vivían aún sus parientes: el padre, la madre, los hermanos y las hermanas, que se encontraban implicados en un caso de homicidio, cometido por otros”.
“Había en aquella ciudad dos personas que se odiaban mortalmente. Uno de ellos, encontrándose cierta noche con el hijo del rival, decidió vengarse en el heredero y, favorecido por la oscuridad, lo sorprendió, lo arrastró a su propia casa y allí lo asesinó bárbaramente. Después, sepultó el cuerpo en el jardín de la casa de los parientes de Antonio”.
“Tratándose del desaparecimiento de un noble, la magistratura procedió enseguida a una investigación. Sabiendo que el joven había sido visto aquella noche en las proximidades del palacio de Martinho, buscaron por los alrededores y por toda la propiedad. Guiándose por la tierra removida hacía poco, llegaron al cadáver, lleno de heridas”.
“Bastó ese indicio para que las sospechas del homicidio cayesen sobre Martinho, que fue preso con toda la familia, según la costumbre de la época”.
“Aproximábase el día de la sentencia, que habría sido una condenación, si el Santo no hubiese venido en auxilio de los suyos”.
“Cierta noche, él pidió licencia a su superior para salir del convento y se puso camino de Lisboa. Allá llegó prodigiosamente en la mañana siguiente, cuando no serían suficientes tres meses para recorrer la distancia entre Padua y Lisboa”.
“Llegando a su tierra natal, se presentó al tribunal para pedir la libertad de su familia. Como érase de esperar, no fue atendido, visto ser por demás graves los indicios acumulados contra ella”.
“El Santo pidió entonces que le trajesen el cadáver de la víctima. Al verlo, le ordenó en nombre de Cristo que volviese momentáneamente a la vida para indicar su asesino. Y el cadáver se animó, confesó abiertamente que ningún miembro de la familia de Antonio era culpado de su muerte y después cayó nuevamente en su sueño de muerte”.
“La novedad del milagro y la solemne declaración de tal testimonio fueron suficientes para libertar la familia de Antonio, con la cual él pasó aquel día. Se despidió al caer de la noche y en el día siguiente encontrábase nuevamente en su convento de Padua”.
El escritor portugués relata otro hecho de la siguiente manera:
“Siendo el padre de Santo Antonio de alta posición social y muy considerado por sus cualidades morales, le fueron confiados cargos administrativos por cuenta del gobierno y de la casa real. De su administración él prestó cuentas a los ministros, entregándoles el dinero que recibía, sin preocuparse en pedir recibos. Tenía a los ministros en la cuenta de personas responsables; creíalos honrados como él propio”.
“Sucedió que, algún tiempo después, fue llamado a prestar cuentas de su administración. No obstante las tentativas del padre de Antonio para recordarles que la liquidación ya había sido hecha y a pesar de sus consejos para que no manchasen la conciencia con tamaño pecado y para que no lo arruinasen financiera y moralmente, ellos continuaron a negar, con el intuito de perderlo y arruinarlo, haciéndolo pasar ante el soberano por ladrón de los bienes de la corte. Vivía el buen Martinho en la mayor de las angustias y los ministros ya se regocijaban con la su ruina que significaría para ellos nuevas honras y cargos más altos. Estaban las cosas en ese pié, cuando en plena reunión solemne, Antonio surgió en medio de ellos. Después de recordar a todos las menores circunstancias de la liquidación efectuada, les ordenó inmediatamente que presentasen todos los recibos a su padre. Los amenazó, caso se negasen, con los más terribles castigos y con el castigo divino. Impresionados y tomados de pánico, los ministros firmaron enseguida el recibo del dinero. El excelente Martinho volvió para casa agradeciendo a Dios por haberle concedido tal hijo”.
La bilocación que goza de más pruebas:
El Padre jesuita Eduardo Rodríguez

Toda España fue testigo de una de las bilocaciones milagrosas. Al mismo tiempo que predicaba en la Catedral de Toledo, siendo irradiado el sermón por Radio Toledo, estaba predicando otro sermón en la Iglesia San Francisco El Grande, siendo irradiado por Radio Nacional de España.
San José de Copertino:

San José de Copertino asistió a la muerte de su madre en su pueblo natal sin abandonar el convento de Asís donde residía. Estando ella a punto de expirar gritó con gran acento de dolor: “¡Oh fray José, hijo mío, ya no te veré más!” Al instante apareció una gran luz que iluminó la habitación, y la moribunda, viendo a su hijo, gritó de nuevo llena de júbilo: “¡Oh fray José, hijo mío!”. Al mismo tiempo el bienaventurado se encontraba en Asís; salía llorando de su celda, encaminándose a la Iglesia a orar. El padre guardián le encontró y le preguntó la causa de su llanto. Su respuesta fue: “Mi pobre madre acaba de morir”. La carta que llegó muy pronto confirmó la noticia; pero también se supo que el Santo había asistido personalmente a su madre moribunda. Todos estos hechos constan en el proceso de beatificación.
Este don, como muchos otros dones extraordinarios, es un regalo de Dios que la Iglesia trata de entender y explicar pero que, ante el misterio de la acción de Dios, las palabras se hacen cortas e insuficientes. Nos basta el asentimiento de la fe, y el saber que para Dios no hay nada imposible.
Como todos los dones, la bilocación no es para beneficio del que lo experimenta sino más bien para el beneficio de las almas de los demás, ya que siempre cuando se manifiesta este don es para auxiliar a alguien que está en necesidad.

Bibliografía:

1. “Teología de la Perfección Cristiana”. Antonio Royo Marín O.P. Biblioteca de autores Cristianos (BAC).
2. “Mysteries, Marvels, Miracles in the Lives of the Saints”. By Joan Carroll Cruz. Tan Books and Publishers.

Hay un sólo bautismo



Hay un sólo bautismo, no MAS

      Está definido como dogma que hay solamente un bautismo. Esta es la razón de por qué el Credo dogmático de Nicea, profesado históricamente todos los domingos en el rito romano, se lee: “Confieso un solo bautismo para la remisión de los pecados”.  Y este dogma de que hay un sólo bautismo para la remisión de los pecados viene de nuestro Señor Jesucristo y los Apóstoles. San Pablo lo afirma en Efesios 4, 5: “Un Señor, una fe, un bautismo”.  ¿Podría ser posible que haya más de un sólo bautismo para la remisión de los pecados cuando los católicos han rezado y creído por 2000 años que hay sólo uno? No.

Papa Pío XI, Quas primas, # 12, 11 de diciembre de 1925: “En esta perpetua alabanza a Cristo Rey se descubre fácilmente la armonía tan hermosa entre nuestro rito y el rito oriental, de modo que se ha manifestado también en este caso que Legem credendi lex statuit supplicandi.  La ley de la oración constituye la ley de la creencia[1].

      A través de la historia, muchos Papas han reiterado expresamente esta regla de fe: que hay un sólo bautismo para la remisión de los pecados.

Credo Niceno-Constantinopolitano, 381, ex cathedra: “Confesamos un bautismo para la remisión de los pecados[2].

Papa San Celestino I, Concilio de Éfeso, 431: “Después de haber leído estas santas frases y encontrándonos de acuerdo (de que hay ‘un Señor, una fe, un bautismo’ [Ef. 4, 5]), hemos dado gloria a Dios, que es el Salvador de todos…”[3].

Papa San León IX, Congratulamur vehementer, 13 de abril de 1053: “Creo que hay una sola verdadera Iglesia santa, católica y apostólica, en la que se da un solo bautismo y verdadera remisión de todos los pecados”[4].

Papa Bonifacio VIII, Unam sanctam, 18 de noviembre de 1302, ex cathedra: “Una sola es mi paloma, una sola es mi perfecta. (…) Ella representa un solo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la cabeza de Cristo, Dios. En ella hay ‘un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo’ (Ef. 4, 5)”[5].

Papa Clemente V, Concilio de Vienne, decreto # 30, 1311-1312, ex cathedra: “Puesto que hay tanto para clérigos y seglares, para superiores y súbditos, para exentos y no exentos, una Iglesia universal, fuera de la cual no hay salvación, puesto que para todos ellos hay un solo Señor, una fe, un bautismo…”[6].

Papa Pío VI, Inscrutabile, # 8, 25 de diciembre de 1775: “… Os exhortamos y avisamos que seáis todos de una mente y en armonía mientras lucháis por el mismo objetivo, exactamente como la Iglesia tiene una fe, un bautismo, y un espíritu”[7].

Papa León XII, Ubi primum, # 14, 5 de mayo de 1824: “Por ella estamos enseñados, y por fe divina mantenemos un Señor, una fe, un bautismo, y que ningún otro nombre bajo los cielos es dado a los hombres excepto el nombre de Jesucristo en que debemos ser salvos.  Esto es porque profesamos que no hay ninguna salvación fuera de la Iglesia[8].

Papa Pío VIII, Traditi humilitati, # 4, 24 de mayo de 1829: “Contra estos experimentados sofistas al pueblo debe enseñársele que la profesión de la fe católica es exclusivamente verdadera, como el apóstol proclama: un Señor, una fe, un bautismo (Ef. 4, 5)[9].

Papa Gregorio XVI, Mirari vos, # 13, 15 de agosto de 1832: “Si dice el Apóstol que hay un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo (Ef. 4, 5), entiendan, por lo tanto, los que piensan que por todas partes se va al puerto de salvación”[10].

Papa León XIII, Graves de communi re, # 8, 18 de enero de 1901: “De ahí que la doctrina del Apóstol que nos advierte que ‘somos un solo cuerpo y espíritu llamado a la única esperanza en nuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo…’”[11].

      Decir que hay “tres bautismos” como muchos lo hacen por desgracia, es herético.  Hay un sólo bautismo, que se realiza en agua (de fide).

Papa Clemente V, Concilio de Vienne, 1311-1312, ex cathedra: “Además ha de ser por todos fielmente confesado un bautismo único que regenera a todos los bautizados en Cristo, como ha de confesarse un solo Dios y una fe única [Ef. 4, 5]; bautismo que, celebrado en agua en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, creemos ser comúnmente, tanto para los niños como para los adultos, perfecto remedio de salvación”[12].

      Aquí el Papa Clemente V define como dogma que debe ser confesado por todos UN BAUTISMO, que se celebra en agua. Esto significa que todos los católicos deben profesar un bautismo de agua, no tres bautismos: de agua, de sangre y deseo. Confesar “tres bautismos”, y no uno, es contradecir el dogma católico definido. Los que creen que hay tres bautismos (agua, sangre, y deseo), ¿se han preguntado por qué los Papas innumerables veces han profesado que sólo hay un bautismo y ninguno de ellos se ha tomado la molestia de hablarnos de los llamados “otros dos”?

EL PURIFICADOR DE PLATA



EL PURIFICADOR DE PLATA
Un grupo de mujeres en su estudio bíblico leían el libro de Malaquías cuando encontraron el siguiente versículo referente a Dios:
"Y Él se sentará como fundidor y purificador de plata" - Malaquías 3,3
Este verso les intrigó en gran manera. ¿Que podría significar esta afirmación con respecto al carácter y la naturaleza de Dios?
Una de ellas se ofreció a investigar el proceso de la purificación de la plata. Esa semana llamó a un orfebre e hizo una cita para ver su trabajo. Ella solo le mencionó que tenía curiosidad sobre la purificación de la plata.
Mientras la dama observaba al orfebre sostener una pieza de plata sobre el fuego, dejándolo calentar intensamente, él le explicaba que para refinar la plata, debía ser sostenida en medio del fuego donde las llamas arden con más fuerza, para así sacar las impurezas.
En ese momento ella imaginó a Dios sosteniéndonos en un lugar así de caliente.
Entonces recordó una vez mas el versículo:
"Y Él se sentará como fundidor y purificador de plata".
Le preguntó entonces al platero si era necesario que él se sentase frente al fuego durante el tiempo que la plata era refinada.
El hombre respondió- "Oh Sí. No sólo debo estar aquí sentado sosteniendo la plata, sino que también debo mantener mis ojos fijamente en ella durante el tiempo que esta en el fuego. Si la plata fuese dejada un instante más de lo necesario sería destruida"
La mujer se mantuvo en silencio por un momento y luego preguntó. -¿Cómo sabe cuando ya esta completamente refinada?
El sonrió y le respondió:, "Ah, muy simple – Cuando puedo ver mi imagen reflejada en ella."

Si hoy sufres la purificación del fuego, recuerda que Dios tiene sus ojos puestos en ti cada instante y continuará observándote hasta que vea Su imagen en tí.